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Aunque no soy muy amiga de contar mi vida o parte de ella, lo que voy a contar es algo que no puedo guardarlo y quiero que todos ustedes sean mis cómplices y quien sabe algo más.
Me llamo Ximena, soy de Chile, casada, 23 años, 1.70, 94-60-90, ojos claros, pelo negro, morena, un culo parado que saca chistas y unas tetas grandes que son como el mismo pecado.

Me consideraba una mujer un poco liberal aunque más conservadora, por lo mismo solo había tenido relaciones con mi esposo, quien me llevó virgen al matrimonio por petición mía, aunque no lo voy a negar muchas veces me hizo tener uno que otro orgasmo solo tocándome.
De todo lo que les voy a contar, la culpable es una amiga. A quien llamare Teresa, ella es una chica completamente distinta a mí, es soltera, liberal y no se complica mayormente por la vida, tiene mi misma edad.

Hace tres meses atrás, un día conversando de sexo con ella, me preguntó con cuantos hombres me había acostado, le dije que solo con mi esposo, ella no lo podía creer se reía de una manera, decía que me había perdido la mitad de mi vida. Me empezó a decir que debía probar otros para comparar como era mi esposo en la cama y otras cosas mas, le decía que no, que no me interesaba a todo lo que planteaba pero cada vez mi negación se fue haciendo más débil hasta que no pude mas y le dije bueno ya, acepto pero tu tienes que ayudarme, ya que no conozco a nadie o mejor dicho no me atrevo a entregarme a si por así a otro que no sea mi esposo.

Me pregunto cuando podía ser, le dije solo cuando mi esposo no se encuentre en la ciudad, dándole tal fecha (febrero 2002). Después de eso me dijo que lo único que me pedía que yo no me preocupara de nada, ni de ropa, ni lugar, ni hombre y que aceptara todo aunque no me gustara, le prometí que sí.

Entre ese día y el día en que sucedió todo, andaba preocupada porque iba a engañar a mi esposo pero también me excitaba el poder estar con otro hombre, esto ultimo era mas fuerte en mi, que cada vez que me acordaba me excitaba tanto que terminaba masturbándome o cuando hacia el amor con mi esposo pensaba en ese desconocido, muchas veces mi esposo me dijo que me encontraba extraña cuando hacíamos el amor que parecía que yo estaba pensando en otro, por supuesto que nunca le dije que pensaba en otro o que pensaba engañarlo, solo le decía que eran ideas de él.

Llegó el día en que mi esposo se tuvo que ausentar de la casa, apenas se fue llame a mi amiga, le dije que ya se había ido, lo único que me dijo: bien puta, esta noche nos vamos a prostituir como nunca lo harás en tu vida, estaré en tu casa a tal hora.

Lo que me dijo me hizo pensar y dudar en dar el siguiente paso, pero era verdad, lo que iba ser esa noche, el único nombre que tenia era prostitución además de engañar a mi marido, pero como le había prometido a mi amiga que no me iba ha echar para atrás, seguí con lo que iba hacer esa noche, prostituirme.

Llego a la hora indicada, tenía puesto un vestido mini ligero con broches delante de color negro con figuras blancas y unos zapatos calados de igual color, se veía como una puta caliente.

Nos saludamos y me empieza a sacar la ropa de la bolsa que traía, a esta altura la esperaba bañada y depilada como correspondía, saco de la bolsa una copia fiel de la misma ropa que ella tenia puesta, le dije: oye pero este traje es igual al tuyo, lo único que me dijo recuerda lo que te dije por teléfono y siguió con lo suyo, cuando estaba lista con toda la ropa preparada me dijo ya desnúdate, me desnude y me quede ante ella como vine al mundo. Me dijo mmmmmmmmmmmm esta noche este cuerpecito va recibir lo que merece. Luego me paso una fina tanga blanca diminuta, que cuando me la puse era mas chica de lo que me imaginaba el hilo no se metió entre mis nalgas si no que se incrusto y mi coño era un era cubierto por un pequeño triángulo que lo hacia mas provocador que cualquier otra tanga que había usado antes, me pasa el vestido, el cual era de mi talla, era elegante y cómodo, aparte de que resaltaba mi figura, me paso los zapatos y procedió a pintarme. Cuando ya estaba lista me hizo mirarme en el espejo mural, ooooooooooh no podía creerlo éramos iguales, como si fuéramos dos hermanas gemelas, le dijo paremos unas p…, antes que terminara de hablar me dice calla, y no parecemos, somos, al menos esta noche.

Luego agrego solo falta un detalle, se me acerco y me desabrocho tres botones del vestido de las piernas hacia arriba, luego hizo lo mismo en el de ella. Le dije se nos va a ver la tanga, solo me miro y me dijo te ves hermosa. Estaba claro cual era el objetivo, no había mas palabras que decir, lo que de dijera estaba de más o no-tenia sentido.

Nos encontrábamos listas, antes de salir, me paso una pequeño bolso y unas gafas oscuras, nos las pusimos y salimos, no podía creerlo iba directamente a prostituirme, no sé si iban a pagar por mí o yo por él aunque lo ultimo era más difícil, mientras caminábamos se nos abría el vestido, mostrando gran parte de mis muslos, aunque eso era lo mínimo porque me preocupaba que realmente se nos viera todo ya que la tanga era transparente, le dije a mi amiga que al menos abrocharemos un botón solo me dijo miro y sonrío, felizmente para mi nadie me vio salir de la casa, cuando subimos al taxi para llegar al Metro y nos sentamos, me empecé a sentir desnuda, porque el vestido se abrió hacia los lados y mostramos toda nuestra bondad al chofer quien ni tonto ni perezoso nos dijo que nos veíamos hermosa y que nos llevaría gratis si le hacíamos el favor. A lo cual mi amiga le respondió que era mucho para tan poco viaje, enojado el chofer nos dijo que parecíamos putas. Mi amiga le replicó diciéndole no parecemos somos, ante cual quede con la boca abierta pensé que eso era solo para nosotros pero no, me equivoque. Cuando llegamos al Metro bajamos del taxi y el chofer se despidió diciéndonos chao putas, ante lo cual mi amiga le mostró el dedo medio de su mano.

Al subir al metro todos nos miraban, dado que nos veíamos muy provocativas por nuestra ropa al caminar, cuando subimos a los carros, nos sentamos en lugar donde había solamente hombres, fue una locura cuando nos sentamos porque los vestidos se abrieron para ambos lados y los ojos de los hombres se dirigieron inmediatamente a nuestra intimidad me empecé a sentirme realmente desnuda, pero algo en mi empezó a cambiar esas miradas me empezaron a excitarme, gracias a los gafas que eran muy oscuras no delataron mi morfo por esos hombres que estaban excitándome cada vez mas, a tal punto que como toda una putita empecé a abrir mis piernas mostrando cada vez mas mi interior a tal punto que sin darme cuenta pase mi mano por todo mi coño el que ya delataba mi excitación, estaba mojado, unos de los pasajeros se acerco y nos dijo que éramos todas unas putas, mi amiga lo único que le dijo que era un amor .Los hombres no dejan de mirar y hacer sus comentarios de nuestras figuras.

Terminado nuestro recorrido por Metro, salimos y nos dirigimos caminando a nuestro destino final, mientras caminábamos los hombres nos decían de todo, especial cuando estaban en grupo, mi amiga solo reía, en cambio yo estaba nerviosa pero excitada, nunca había sentido tanto morbo mas por la forma en que andaba vestida. Mi amiga me pregunto como me encontraba, le respondí que nerviosa pero excitada, luego pregunto y tu coño como esta, le dije que mojada, solo dijo: eso me gusta, viste que eres tan putita como cualquiera.

Llegamos a nuestro destino, era un departamento grande, mientras subíamos por el ascensor empecé a tiritar de puros nervios, cuando llegamos al piso donde estaba el depa, mi amiga me toma de la mano y me dice ven, me lleva a la escalera de escape, luego ahí, me dice con voz de orden : Ábrete de piernas, yo solo obedecía, me desabrocha un botón y me pasa su mano por mi coño, solo dije uuuuuuuuuuuuuuuuf, luego corre la tanga y me masturba hasta tener un orgasmo, ahora me dice sácate esa tanga y colócate esta, me pasa una nueva de igual modelo que la anterior, pero antes de ponerme me dice léela, leo el triangulo dice soy puta , la miro con boca abierta, ella pone su de índice en la boca en señal de silencio y luego me da una sonrisa, esta todo claro me dije, soy una puta .

Nos dirigimos al depa, toco el timbre, abrió una chica de unos 20 años que vestía una tanga igual que la mía, pero no decía soy puta, nos hace pasar, saluda a Teresa y le dice bueno tu sabes, si le dice Teresa, coge una venda que estaba en un mueble, me la coloca en los ojos y me dice: te tengo que presentar, como eres nueva, tienes que entrar con los ojos vendados para que valoren tu cuerpo , me toma de la mano y me lleva a la habitación, ya en ella me presenta y les cuenta que solo he tenido un solo hombre en mi vida, mi esposo.

Después de eso, se aleja de mí, me doy cuenta por sus pasos, un hombre me ordena: darme una vuelta en si misma, me la doy , luego escucho que le dicen a mi amiga, muy buena tu amiga, tiene buen cuerpo, luego de eso me ordena sacarme el vestido, lo hago, entre nerviosa y excitada, quede solo en braga o en la tanga que decía soy puta , el hombre dice, que bonita se te ve esa frase en tu cuerpo y lo mejor es que eso eres, nuevamente me ordena darme una vuelta y nuevamente felicita a mi amiga, ahora me ordena sacarme la venda de los ojos, me la saco toda nerviosa, abro los ojos y solo dijo oooooooooooooh, estaba en medio de cinco hombres sentados en cómodos sofás sola, tengo que decirlo todos eran espectaculares aunque tenían mas de 40 cada uno, para que hablar de sus vergas que eran mas grande que la de mi esposo, me hicieron perder luego mi nerviosismo diciéndome que estuviera tranquila que nada malo me iba a pasar y que de a poco me iba a acostumbrar y que me iba a gustar.

De mi amiga no supe nada, hasta el otro día, cuando me llamó y me dijo: como esta la puta , solo le dije que muy cansada. Ok, me dijo, voy a la tarde a visitarte y llevarte lo tuyo.

Para que contar que hice con esos hombres si ustedes se lo han de imaginar, se los mame a los cinco sus vergas y me tome sus exquisitos líquidos, cosa que con mi esposo no había hecho nunca, me las metieron por todos lados de a dos a veces de tres, algunos me dieron latigazos en mi coño, culo, pechos, estómagos y cara, al final me hicieron lo que ellos llamaban el terremoto y que terremoto, consistía en: en darle mi culo a la polla más grande, me tenia que sentar en ella, mi coño a la que seguía, para lo cual tuve que levantar mis piernas, mi boca a la mas gruesa de las tres que quedaban y mis manos las otras dos, todo de una vez, mientras que a quienes masturbaba me trabajaban los pechos uuuuuuuuuuuuf de que manera lo hacían y jugaban con mi clítoris, este juego para mi fue apoteósico, poder chupar la verga que tenia en la boca, masturbar las dos vergas que tenia en mis manos, sentir esas vergas en mi coño y culo que no dejaban de moverse, aparte del castigo que recibía en mis pechos y clítoris, no perder el control era muy difícil, no se cuantos orgasmos tuve, casi todos se vinieron al unísono, fue como estar en las nubes, cuando estaban apunto de acabar cada uno me empezó a decir Ximena ya eres una puta , después que acabaron quede tirada en unos de los sofá, estaba cansada, decir eso es poco porque estaba muy cansada, no me di cuenta como me quede dormida, cuando desperté estaba sola en el depa, no había nadie, empecé a buscar el baño, me tome una rica y reponedora ducha, me vestí con el vestido con el cual había llegado y la tanga que decía soy puta , realmente cuando me dirigía a mi casa con esa tanga puesta, me sentía que le decía a la gente que era una puta , ok, si ahora lo soy, aunque mi amiga prefiere decirme que somos damas de compañías.

En la tarde cuando llego mi amiga y conversamos del tema, me dijo que lo que había hecho era prostituirme, había inscrito mi nombre en una agencia de señoritas de compañía y que donde estábamos era un depa de fiestas, también me entrego un cheque con una cifra bastante grande de dinero y me dijo: ahora somos amigas y putas , recuérdalo, luego me dijo ábrete de piernas, me saco la tanga que tenia puesta, no era la que decía soy puta y me empezó a comerme el coño, (eso merece ser contado en otra oportunidad), desde entonces somos, amigas, amantes y putas, lo mejor es que mi esposo no sabe nada, pobrecito lo engañe con cinco de un viaje y además tengo una amante mujer .

Mi amante me ha dicho que pronto tendremos otra fiestecita.

Hola mi nombre es Micaela, soy de buenos aires Argentina, tengo 24 años, es la primera vez que escribo, porque quiero compartir mi historia con ustedes.

Todo empezó cuando estaba de novia hace apenas un año atrás, amaba mucho a ese chico que llamare en este caso Juan para ocultar un poco mi identidad.

Los sábados por la tarde solíamos ir a la cancha a ver a su equipo preferido, no sé si sabrán pero acá en Argentina los clubes de la b juegan los sábados y seguíamos a uno de estos.
En una ocasión en la que jugábamos de visitante lo acompañe, aunque a canchas que quedaban muy lejos no me gustaba ir, por un tema de seguridad, ya que es un poco peligroso, y más para una chica como yo, a la que le gusta llamar la atención.

Modestamente tengo con que hacerlo, unos pechos no muy grandes, pero si bien paraditos, una cola hermosa, y una figura pareja fruto de muchas horas de gimnasio, pelo largo rubio y lacio y carita de nena según me dice la gente que conozco. Siempre viví solo para mi novio, ya que él fue el primer hombre en mi vida.

Volviendo al día de la cancha, cuando el partido terminó estábamos muy contentos ya que ganamos tres a cero, al salir de la cancha tuve una pequeña discusión con Juan, y orgullosa como soy después de discutir me baje del auto y comencé a caminar, en estos casos mi novio me sigue hasta que me pide perdón y subimos nuevamente al auto, pero este día fue diferente, mi pidió que me suba al auto rápido antes que salga la hinchada local, yo no le hice caso y seguí caminando.
Mi gran sorpresa fue cuando aceleró el auto y me dejó sola parada a dos cuadras de la cancha con la camiseta de mi club puesta.

Comencé a desesperarme, y a buscar a alguno de mi club que pudiera sacarme de este apuro.
Lo primero que pensé fue en sacarme la camiseta para que no me reconocieran pero no podía porque no tenia nada debajo.
Fue entonces cuando veo que un auto se me acerca y me pregunta si estaba loca, ya que en pocos minutos abrirían la tribuna local, y podía pasarme cualquier cosa, me dijo que era del mismo club que yo y que si quería me acercaba a mi barrio, al no tener otra opción acepte y subí al auto.

Partimos, pero yo notaba que no nos dirigíamos para el lado de mi barrio, después de hacer un par de cuadras, da la vuelta y se dirige nuevamente a la cancha, para este entonces toda la gente del club local estaba en la calle y yo estaba muerta de miedo que me descubrieran, el chico este del auto se baja en un bar justo enfrente de la cancha.

Entra en el mismo y sale con otros cuatro tipos, dos se sube en el asiento de atrás del auto y los otros dos en una camioncito de esos cerrados atrás, me empiezo a desesperar porque noto que todos estos tipos eran del otro club. Quiero bajarme del auto y escucho que me dicen que si bajaba seria peor. Estaba muerta de miedo porque no sabia que podría pasarme, le digo que tomen la plata y me dejen tranquila entonces comienzan a reír, y me dicen que tomarían todo lo que querrían.

Salimos y vamos detrás del camino que entra en un descampado, me bajan a la fuerza, y me suben al camino llevándome al hombro como quien lleva una bolsa de cemento.
Una vez arriba me acuestan boca abajo sobre una caja y de un tirón me rompen la calza que llevaba puesta dejándome en bombacha, con las zapatillas y la camiseta puesta, entonces uno de estos se me sube encima y mientras me manoseaba las tetas por debajo de la camiseta me dice que colabore o la iba a pasar mal. Escucho que comienzan a abrir cerveza y tomaban como si fuese agua.

El que tenia encima que era un gordo todo transpirado saca su verga del pantalón y comienza a refregármela por encima de la tanga. Yo solo le pedía que me deje tranquila a lo que todos festejaban y se reían. Entonces poniendo la tanga para un lado, me clava de una sin ni siquiera lubricarme. Siento que me parte en dos, y comienza a cabalgarme, veo que uno se me para enfrente con la verga en la mano y me agarra de los pelos obligándome a mecérmela en la boca. Sentí un gusto horrible, creo que era transpiración mezclada con miedo, comencé a chuparlo como puede para no hacerlo enojar, mientras el gordo me partía la concha en cada envestida, pasado unos minutos siento que el gordo me llena la con su leche caliente que parecía no terminar nunca de salir, y tengo un orgasmo como nunca antes mi novio me dio, y me empezó a gustar sentirme la mas puta.

Entonces tomo con mis manos la hermosa verga que estaba chupando, pajeandolo para que acabe pronto, quería sentir el sabor de su leche, mientras ya otro de mis nuevos amigos ocupaba el lugar del gordo, se fueron turnando y nunca deje de tener la concha y la boca ocupada, ya había acabado varias veces, entonces veo al chico del auto que todavía estaba vestido, de la calentura que tenia le pedía por favor que me coja también el, todos se reían, y yo no sabia porque pero también me reía, el gordo que parecía ser el líder del grupo le dice que el debería tener el gusto de mecérmela por el orto, ya que el consiguió el trofeo, de alguna manera me asuste ya que nunca lo hice por atrás.

Pero de lo caliente que estaba comencé a desearlo, entonces todos se separan de mi y me dejan sentarme cuando desabrocho el pantalón veo que tenia una verga enorme y me arrepentí de decirle que me la meta por atrás, pero creo que no hubiese aceptado mi negativa, así que me acostó boca arriba y llevo mis piernas contra mis pechos y comenzó a metermela de a poquito, sentía un dolor terrible, pero aguante todo lo que pude, cuando la tenia toda adentro no lo podía creer.

Al sentir los huevos asiendo tope, me sentía la mas puta y me encantaba, todos miraba y festejaban, me bombeo un rato largo y me lleno de leche el culo. Se separo del grupo y se acomodo la ropa, yo lo único que quería es tener esa vergota dentro de mí nuevamente. Pero lo único que obtuve fue una larga tarde de sexo con los otros tipos, mientras él miraba, trague leche toda la tarde y me cogieron en todas las formas posibles, hasta experimente la doble penetración, ya llegada la noche bajamos del camión y el chico del auto se ofreció llevarme a mi casa, situación que aproveche para chuparle la pija todo el viaje.

No hace falta que cuente que deje a mi novio no sin antes agradecerle por dejarme sola ese día, y todavía hoy voy a la cancha, pero a buscar a mi macho (así es como le digo ahora), y me aguanto que me coja cualquiera de la tribuna, con tal que ese hermoso macho me meta por el culoo esa terrible verga que tiene.

Hola, mi nombre es Roberto, pero mis amigos me dicen Tito.

Bueno, lo que les voy a contar ahora es una historia real, y cuando digo real es que es real. He estado leyendo algunos otros relatos y hay algunos que son realmente fantásticos, aunque muy entretenidos y graciosos a la vez.

Tengo 18 años recién cumplidos, y esto me paso más o menos en Septiembre del año pasado.

En el colegio nos habían pedido hacer un trabajo en grupos sobre recursos tecnológicos y servicios y no se que otras tonterías mas, y, como casi siempre, quise ser con un amigo, Ricardo, debido a que su mama (40 años), que estaba separada, estaba riquísima y me volvía loco de tan solo mirarla, y siendo con el tendría una oportunidad de por lo menos insinuármele.

Bueno, acordamos juntarnos un sábado en la tarde en la casa de Ricardo, lugar perfecto para intentar por primera vez en mi vida algo.
Por fin llegó el sábado.

Se suponía que yo tenía que llevar la información que nos habían entregado en clases a cada grupo, pero la deje en casa, adrede, ya que quería tener la mayor cantidad de posibilidades para tirarmela.

Llegue como a las 3 de la tarde a casa de Ricardo. El me estaba esperando con todos sus materiales listos sobre la mesa del comedor. Le pregunte por su mama y me dijo que estaba en la cocina por si la queria ir a saludar mientras Ricardo arreglaba todo para empezar.

Fui caminando lentamente hacia la cocina, me tome mi tiempo, ya desde la distancia alcanzaba a oler esa fragancia que tanto me gustaba de ella. Cuando entre a la cocina, ella estaba sentada en la mesa de diario tomando un vaso de jugo y trabajando en su computador. Llevaba puesto una bata de dormir, por lo que supuse que no se habia bañado aun, y que lo haria después, algo muy bueno para mi plan.

No quitaba los ojos del computador, por lo que hice mucho ruido para que levantara la vista. Desde el angulo en el que estaba se le alcanzaban a ver esos lindos pechos con los que habia estado soñando por mucho tiempo.

Se levanto y me dio un caluroso saludo de beso en la mejilla, con el que yo intente de acercar lo mas posible mis labios a los suyos.

Se volvio a sentar en el computador y en eso entra Ricardo preguntandome donde habia dejado la información para terminar el trabajo. Yo le dije como preocupado que la habia olvidado en casa. Me mando un par de insultos y dijo que iria el a buscarlos, ya que era mas rapido y volveria antes.

Se me olvido decirles que mi casa queda a mas de 30 minutos en bici, por lo que pasaria mas de 1 hora antes de que volviera.

Ricardo se fue apresurado y me dejo solo en casa con Daniela (su mama). Mi plan iva a la perfeccion.

Unos segundos después de que Ricardo ya se habia ido, me sente al lado de ella y le empece a meter conversa sobre el colegio, que nos faltaba poco para la fiesta de graduación, etc… mientras miraba cautelosamente esas lindas tetas que tenia, que eran asi como el tamaño perfecto para una mano, ni muy grandes, ni muy chicas, eran las que a mi mas me gustaban por lo menos.

Al parecer, como ustedes sabran, se dio cuenta. ¿Por qué sera que las mujeres siempre se dan cuenta cuando las miran?

Comprendio que la estaban mirando mucho, y para escapar de mis ojos, dijo que tenia que ir a bañarse. Se paro para irse y me hiso cariño suavemente en la cabeza diciendome que era todavía un chico muy travieso. Esto definitivamente me puso a mil.

Se fue en direccion al baño, y mientras salia de la cocina, pude ver como, descaradamente se levantaba la camisa de dormir y dejaba descubiertas sus lindas nalgas blanquitas, sin si quiera mirame, tan solo rió un poco. Esta mujer si que tenia un culo de ensueño.

Sabia que esta era mi oportunidad, se me habia insinuado hacia 2 segundos, mostrandome su bello culo, estaba seguro, pero no se porque, me quede sentado en la mesa de diario asi como esperando algo.

Me puse a ver el reloj que estaba colgado en la pared mientras escuchaba como esta yegua prendia la ducha. Ya habian transcurrido como 10 minutos desde que Ricardo se habia ido.

Debia actuar ahora, ya que esta era mi oportunidad, y no tomarla ahora si que seria algo de un pobre estupido.

Me levante y fui caminando decidido hacia el baño. Daniela, para sorpresa mia, la habia dejado entreabierta, algo que nunca antes habia visto que lo hiciera.

Abri un poquito mas la puerta y ahí estaba ella, duchandose y jugando con la ducha telefono entre sus nalgas. Con una mano se tocaba los pechos y piernas, y con la otra sostenia la ducha telefono, la cual pasaba por su lindo anito y por su conchita depiladita.

Esto ya era el colmo, estaba parado ahí, justo afuera de obtener lo que queria, y no me atrevi, por lo que me empece a masturbar. Me baje los pantalones y saque mi polla que ya estaba roja, asi como si me hubiera estado masturbando por largo tiempo. Con mi mano derecha comence frotarme la polla, y con la izquiera por mientras me masajeaba un poco el ano, un lugar que me encantaba (no piensen que soy gay por lo del ano, ya que muchos hombres se sienten realmente excitados al frotarse el ano).

Ella estuvo largo rato mirando de vez en cuando hacia la puerta entreabierta, y mas o menos como después de unos 5 minutos donde estuve masturbandome afuera, me dijo que entrara, ya que necesitaba a alguien que le enjabonara la espalda, ya que tenia los brazos adoloridos por el gimnasio.

Por fin, entre!

Ahí estaba ella, desnuda con sus lindos senos y su escultural figura mirandome. Cabe decir que su conchita estaba buenisima, y que tenia todo un culazo.

Me pidio que me desnudara para que no mojara mi ropa y pudiera entrar con ella.

Cuando entre a la ducha roce su culito con mi pene y toque con mi mano su conchita. Por fin ese culito y esa conchita ivan a ser mios.

Se puso de espaldas a mi y me paso el shampoo para que la enjabonara. Me fije que habia empezado otra vez a sobarse entre sus piernas son sus lindas manitos.

Apegue lo mas que pude mi pene en su culo y de repente la empujaba duramente para que sintiera la clase de polla que tenia detrás. De la nada ella se dio vuelta y me dio un largo beso en la boca, donde aproveche para agarrarle el culo y para sobarle la conchita con mi polla, que ya tenia unas ansias desesperadas de entrar. Me empezó a besar el cuello y rapidamente bajo hasta el pene. Le dio unas lamidas y luego se lo metio entero en la boca.

Con una mano acariciaba mis testículos y con el dedo indice de la otra, buscaba mi ano en mi culo. Yo por mientras tocaba sus senos y pensaba en lo que haria Ricardo si me viera asi con su madre.

Cuando estuve casi a punto de terminar, le dije que parara, y que queria meterle mi polla en su conchita.

Ella me dijo que mejor que no, ya que no tenia condon y no queria arriesgarse. Entonces le dije que me dejara romperle el culito.

Ella me miro media asustada y me dijo que hace mucho tiempo que nadie se lo metia por el culo. Le dije que no temiera y que iva a disfrutar.

Ella accedio, pero me pidio que antes yo hiciera algo por ella, por lo que ella se puso de espaldas y yo acerce mi boca a su conchita, la cual empece a besar y a meterle mi lengua mientras acariciaba su clítoris con mi nariz.

Después de un rato dandole sexo oral, tuvo un orgasmo con unos gemidos que de seguro hasta Ricardo los escuchó.

La verdad es que yo nunca en mi vida lo habia metido por el culo, pero según lo que hbia aprendido en algunas películas porno, decidi hacerlo.

Le pedi a Daniela que apoyara sus piernas en mis hombros. Yo por mientras con mis dedos iva haciendo espacio en su ano para que cupiera mi polla.

Estuve un par de minutos dilatandole el ano hasta que me decidi y lentamente (según ella me lo habia pedido) le fui metiendo mi polla.

Me di cuenta de que su ano apretaba mucho y ella gemia no se si de dolor o de placer.

En una de esas, decido y se la empiezo a meter como furioso mientras toco sus lindas tetas, ella grita y gime, y cuando estoy por acabar le saco la polla del ano y la froto contra sus tetas mientras de ésta salen litros y litros de leche que chorrean por sus tetas, y que llenan su boca. Se la tomo todita.

Acerco mis labios a los suyos, que todavía estan llenos de leche, y mientras con una mano froto su clítoris, la beso con un beso muy tierno que sellaria una vida sexual que perduraría.

Después de eso nos lavamos un poco, y justo cuando habiamos salido del baño, Ricardo entra a la casa apurado con todos los materiales que a mi se me habían “quedado”.

Por suerte Nos habiamos secado el pelo con secador y no parecía como si estuvieramos mojados, por lo que Ricardo no sospecho nada.

Que habria hecho si me hubiera descubierto.

Hace como 2 meses que no veo a Daniela, pero tenemos prometido que la proxima vez que nos veamos me va a dejar meterselo por la conchita, ya que la segunda vez que nos vimos, solo nos dimos un poco de sexo oral.

Me llamo Marisa y he de reconocer que desde que conocí al único hermano pequeño del que ahora es mi marido, supe que yo le atraía. No me extrañó que Javi, que por aquel entonces apenas tenia los dieciocho años, se fijara en mi; pues yo, con mis veintidós, ya llevaba bastante tiempo volviendo loco a todo el personal con mi espléndido tipito.

No peco de inmodestia si les aseguro que desde mi cara angelical, de ojos azules y labios gordezuelos, hasta mis largas piernas (sin olvidarme del firme trasero, ni mi espectacular delantera), atraigo a los chicos como las moscas a la miel. Pero también les aseguro que desde que comencé a salir con mi novio no he vuelto a flirtear con ningún otro hombre.

Aunque eso no quiere decir que no me sienta halagada cuando alguno se fija en mi. Por eso tolere las tímidas tonterías de mi futuro cuñadito con bastante indulgencia, ya que sabia que si le contaba algo a su hermano mayor este, con lo extremadamente celoso que es, iba a montar un buen escándalo. La verdad es que el chico, al principio, se limitaba a espiarme, de forma mas o menos disimulada, cada vez que pasaba la velada en su casa.

Todavía recuerdo la cara de pasmo que se le quedó el día que, mientras forcejeaba en broma con mi novio sobre el tresillo, aprovechando la ausencia de sus padres, me abrí completamente de piernas, dejando mis picaras braguitas, y algo más, a la vista de Javi.

Debió de gustarle mucho lo que vio pues, desde aquel día, le volví a sorprender en más de una ocasión ocupando lugares muy estratégicos para disfrutar de las mejores vistas de mi espectacular anatomía. Como nunca di muestras de notar su excesivo interés por mí pensé que este desaparecería por si solo. Aunque lo cierto es que me equivoqué del todo.

Durante lo que quedaba del año llegué a acostumbrarme de tal modo a verlo rondando a mi alrededor que ya no me acordaba del interés que tenían mi cuerpo y mi lencería para él, pues se pasaba las horas muertas acechando bajo la mesa a la espera de la oportunidad de verme algo. También recuerdo aquella vez que me quedé dormida en el sofá tumbada sobre los pies de los dos hermanos mientras veíamos la tele, despertándome unas manos que estaban hurgando sobre mis bragas, y que siempre sospeché que fueron las de Javi.

Fue el verano siguiente el que yo considero que saco al fin las cosas de su lugar; pues mi novio insistió en que su hermano se había ganado el derecho de acompañarnos una semana de acampada a la playa, por haber aprobado con matricula el curso anterior.

Mi relación con mi novio era ya total, pues llevábamos bastantes meses compartiendo cama e ilusiones, pensando ya en cual seria el lugar ideal para construir nuestro futuro hogar, por lo que una semana en compañía de otra persona no nos afectaba demasiado.

Pero la verdad es que ese verano Javi estuvo de lo más impertinente y osado conmigo. Al principio se limitaba solamente a mirarme con sus ojos hambrientos, como de costumbre, pero pronto empezó a enredar al ingenuo de su hermano en curiosas situaciones que casi siempre terminaban con alguna parte de mi anatomía al descubierto.

Lo cierto es que lo hacia tan sumamente bien el condenado que no ha sido sino un tiempo después, cuando todo ha pasado ya, que, al recordar aquellos días, me he dado cuenta de lo bien que nos manejaba para que ninguno de los dos notáramos nada raro.

He de reconocer que mis reducidos bikinis no eran lo más adecuado para las alegres peleas en que nos enredaba mi futuro cuñado cada dos por tres; ya que cuando notaba que alguna parte íntima de mi cuerpo se había liberado de su frívolo encierro, esta ya solía llevar algún tiempo al aire. Y no crean que eran solo mis níveos pechos o mis lindos pezones rosas los que terminaban tomando el sol de esta manera, pues eran bastantes las ocasiones en que alguna mano descontrolada se las ingeniaba para descolocar mi escueto triángulo inferior, dejando a la vista una buena parte de mi frondoso bosque privado.

Es ahora cuando me asaltan ciertas sospechas sobre si las osadas manos que recorrieron mi cuerpo esos alegres días de verano, con mi consentimiento, eran de uno o de otro.
Aunque siempre había creído que eran los largos y juguetones dedos de mi novio los que, durante las divertidas peleillas que formábamos los tres ya fuera en la arena o en el agua, se tomaban la confianza suficiente como para estrujar y manosear mis agradecidos senos, ahora lo empiezo a dudar. Y lo peor es que a menudo le dejaba libertad total para pellizcar pícaramente mis gruesos pezones, por fuera, y hasta por dentro del sujetador.

Y aún hay más, pues piensen que incluso le permitía juguetear con mi apetecible trasero, o con mi espeso vello púbico, en aquellas ocasiones en que alguna osada mano (y espero de todo corazón que no fueran las de Javi) se introducía bajo el bikini, a la búsqueda de mis dos acogedores orificios, cuando los roces de la peleilla habían caldeado el ambiente.

Eso sí, no me cabe la menor duda de que debía ser mi futuro cuñado el pícaro fantasma que me descolocaba siempre la ropa cuando me quedaba dormida al sol, y me levantaba con algún seno ya colorado por la excesiva exposición a los rayos solares, y a sus ojos.

Yo les aseguro, sinceramente, que no he empezado a sospechar estas cosas, y algunas más de mi cuñado hasta ahora, ya que siempre lo había tenido por un buen muchacho, algo bromista tal vez, en quien se podía confiar ciegamente. Por eso, cuando hace poco me insinúo que ya se había encargado el de preparar la sorpresa final de la despedida de soltero de su hermano caí, como una estúpida pardilla, en su asquerosa trampa.

El muy cuco se hizo de rogar durante bastante tiempo antes de acceder por fin a que le acompañara a su pequeño estudio de la capital, donde se iba a celebrar el gran final de la fiesta. Allí me enseñó la fina tela de gasa que cubría de una pared a la otra, y que serviría, con la ayuda de un par de potentes focos que había junto a la puerta, para hacer destacar la silueta de una de las amigas de Javi, que había accedido a hacer un strip-tease de lo más íntimo para mi novio y el cuarteto de amigos que le acompañarían durante la fiesta.

Aún no se como se las ingenió el truhán para encauzar la conversación de tal manera que al final fui yo la que le sugerí, de una manera totalmente espontánea, que podía ser yo la que le ocupara el lugar de su desconocida amiga, para darle al novio una sorpresa.

Javi incluso tuvo la desfachatez de obligarme a insistir antes de aceptar, y solo lo hizo con la condición de que yo debía llevar la broma hasta el final, haciendo el strip-tease completo, como si fuera una profesional del espectáculo porno, haciendo así mucho más interesante la gran sorpresa cuando llegara el momento oportuno de descubrir el pastel.

He de reconocer que realmente pasé unos días de lo más entretenidos buscando la ropa ideal para el espectáculo que iba a realizar, y practicando en la soledad de mi dormitorio los movimientos adecuados para hacerlo el baile de la forma más sensual y provocativa.

La noche en cuestión Javi me acompañó hasta su estudio y allí me enseñó como debía accionar los focos en el momento oportuno. Aparte de una banqueta acolchada que me ayudaría durante el numero había dejado también algunas botellas de bebida y aperitivos, para hacer más amena mi tediosa espera. Al revisar el decorado descubrí dos pequeñas cremalleras doradas en la tela, que no recordaba haber visto la primera vez. Una estaba a la altura de mi barbilla y la otra a la del ombligo.

Javi me tranquilizó al demostrarme que solo se podían abrir desde el interior, y me aclaró que las usaba la otra chica para ver al publico antes de empezar la función. Yo me lo creí todo y, una vez que se marchó a la cena, decidí pasar las horas que me quedaban leyendo las revistas que me había traído y picoteando los aperitivos que me había dejado. Estos eran todos salados y, cuando me acució la sed, me di cuenta de que para aplacarla solo tenia a mano bebidas alcohólicas.

Por eso, cuando por fin llegaron todos los chicos de la despedida, bastante borrachos por cierto, yo me encontraba en un estado de euforia como hacia ya tiempo que no tenia.

Mi novio, como no, empezó a exigir mi aparición; y, por supuesto, yo no le defraudé.

Los cuatro o cinco amigos que le acompañaban esa noche, nunca he sabido su numero con exactitud, se hincharon de aplaudir, y silbar, en cuanto encendí los focos y dejé que vieran mi tentadora silueta al trasluz. La verdad es que el exceso de alcohol logró que el baile saliera bastante más sexy y provocativo de lo que había ensayado. Oír sus piropos, y obscenidades, encendió mi sangre. Como mi novio era uno de los que más tonterías me decía decidí ver hasta donde era capaz de llevar su libido y, cuando me quedé desnuda del todo, seguí contoneándome, acariciando mi cuerpo para ver cuanto aguantaba.

Me quedé de piedra cuando le oí, claramente, ofrecerme mil duros si le daba un beso.
Como no soy tonta me di cuenta de que la pequeña cremallera que habían situado arriba estaba precisamente para eso y, muy ladinamente, pensé que me había ganado el dinero.

Así que apagué los focos y vi, por primera vez, gracias a la bombilla de una lamparita del comedor, como se agolpaban sus siluetas al otro lado de la tela. Segura de que no me podían ver abrí del todo la cremallera y saqué una de mis manos por la pequeña abertura.

Al momento se adueñaron los chicos de ella, llenándola de besos, pero también pusieron un billete de cinco mil pesetas entre mis dedos. Satisfecha, permití que mi futuro marido pegara su boca a la ranura y le di un beso de antología. El muy idiota no me reconoció y aúllo, satisfecho como un bebe, cuando di por finalizado el largo y fogoso encuentro.

Me decepcionó un poco que ningún amigo suyo ofreciera una cantidad similar por otro beso, pero mi ego se tranquilizó cuando ofrecieron diez mil si les sacaba fuera una teta.

La cremallera de abajo debía ser la que estaba diseñada para esa función, pues era más grande que la de arriba. Así que cuando la puja subió hasta las quince mil me senté en la banqueta, para estar más cómoda, y dejé que asomara uno de mis pechos al otro lado.

Enseguida me di cuenta de que llevada por la euforia había cometido un grave error, pues al momento noté como un montón de manos se apoderaban rudamente de mi seno.

Las sombras arremolinadas al otro lado no me permitían saber quien era el que devoraba en ese momento mi sensible pezón, ni a quien pertenecían las manazas que estrujaban el resto de mi seno sin piedad, amasándolo como si fuera jalea. Mi pobre pecho estuvo más de un cuarto de hora en su poder, recibiendo chupetones y mordiscos por todas partes.

Aunque la verdad es que una vez pasado el enfado, y dolor, inicial llegué a contagiarme poco a poco de su apasionamiento, notando como la excitación empezaba a humedecer mi entrepierna de un modo realmente encantador, mientras mi respiración se agitaba.

Los billetes que me pasaron del otro lado, cuando por fin se saciaron de mi biberón, apenas sirvieron para consolarme de los moratones que iba a lucir durante varios días.

Pero cuando el insaciable de mi novio me ofreció veinte mil pesetas más por dejarme tocar el culo, decidí que ya se estaba pasando de la raya. Aún así pensé que perder todo ese dinero le podía servir de escarmiento para el futuro y acepté, a condición de que solo pasara su mano por la abertura. Para ello me alejé un poco de la fina tela, y me apoyé en la banqueta, dejando el espacio justo en la cremallera para que solo cupiera un brazo.

El muy zorro quiso aprovechar bien su dinero y, sin apenas deleitarse en mis prietas carnes, dedicó todos sus esfuerzos a hurgar con sus largos dedos en mi orificio más estrecho. De haber sabido que era yo la muchacha que estaba al otro lado de la tela no se habría molestado tanto en juguetear con ese pequeño agujerito, pues ya le había dicho, bien claro, que esa era una virginidad que no pensaba cederle, al menos por el momento.

De todas formas pronto desistió del fútil empeño, y deslizó sus dedos por entre mis piernas separadas, para introducirlos a fondo en mi cálida gruta. Como el puñetero sabe donde tiene que tocar, dejé que su ansiosa mano me llevara al borde del orgasmo, pues era lo menos que podía darle a cambio de todo el dinero que me pensaba quedar.

Pero, y todavía hoy no sé si fue por mera casualidad o premeditado, antes de alcanzar el clímax se me cayó el decorado encima. Me quedé a cuatro patas sobre la moqueta, con la banqueta ubicada bajo mi barriga y la tela cubriéndome como si fuera un fantasma.

Antes de que acertara a reaccionar noté como la cremallera se abría del todo, dejando mi trasero desnudo a la vista, y un miembro, ya desnudo y listo para la batalla, buscaba ocupar el bello lugar donde antes había estado la mano de mi futuro esposo. Solo me dio tiempo a gritar cuando el grueso aparato se introdujo en mi interior, hasta el fondo, sin la más mínima delicadeza, perforándome como si fuera un animal salvaje en época de celo.

Me sentía humillada por como mi novio me estaba poseyendo, violentamente, sin él saberlo, delante de todos sus amigos, mientras estos estrujaban ansiosamente mis senos desnudos a través de la fina tela, tironeando de mis sensibles pezones sin ninguna piedad.

Cuando por fin eyaculó, abundantemente, después de haberme hecho alcanzar un par de orgasmos, yo estaba ya dispuesta a identificarme por fin, para que pararan de una vez sus amigos con sus rudos sobeteos, pues ya me dolían bastante mis pobres pechos debido a la brutal violencia con que me los pellizcaban y amasaban, como si quisieran ordeñarme.

Pero no llegué a hacerlo pues escuché, sin dar crédito a mis oídos, como mi novio decía claramente a uno cualquiera de sus compinches “no me importa que tú también te cueles, pero recuerda que el culo es para mí”. Al oír esto me di cuenta, por primera vez, que el salvaje que me acababa de poseer había sido uno de los amigos de mi novio, y no este.

No sabia que hacer, ni como debía reaccionar, pues ya tenia otro miembro desconocido penetrándome fogosamente. Este, que era mucho más largo y grueso que el de mi novio, me hizo alcanzar otros tres orgasmos seguidos, muy violentos, antes de correrse por fin.

Como el último de ellos coincidió con su eyaculación me quedé tan cansada que apenas si reaccioné cuando mi novio, esta vez casi con toda seguridad, inició el rudo asalto hacia mí último reducto inmaculado. Aprisionada por sus amigos y por la tela que me envolvía solo pude quejarme cuando me desfloró el último capullo, de una forma realmente brutal.

Me sentí totalmente desgarrada cuando su afilado ariete penetró salvajemente hasta lo más hondo de mi ser, destrozando mi frágil barrera posterior. Mis sollozos y quejidos debieron mover la fibra sensible de alguno de sus fieles amigos, y este, apiadándose un poco de mí, me introdujo algo estrecho y alargado en la vagina. Nunca me he parado a pensar detenidamente que demonios fue lo que me metió ahí dentro, pero lo manejó con tal habilidad que llegué a disfrutar, como una autentica posesa, con la doble penetración.

No fue mi novio el único de los presentes que me sodomizó aquella noche, pues un par de amigotes suyos también repitieron la novedosa experiencia, descubriendo lo bien que se deslizaban sus aparatos por mi estrecho orificio posterior. Pero, por suerte, la mayoría utilizó la entrada habitual, algunos de ellos reiteradas veces, para obtener su sucio placer.

Estuve más de tres horas en tan incomoda postura, recibiendo a mis viciosos amantes uno detrás de otro, mientras los demás recuperaban las fuerzas a base de morderme los senos o estrujármelos, hasta que todos se quedaron sin fuerzas ni ganas de repetir. Como es lógico perdí la cuenta de los orgasmos que obtuve esa noche, pero fueron tantos, y tan seguidos, que cuando se marcharon tardé un buen rato en conseguir ponerme de pie.

Después, a la vista de las cincuenta mil pesetas extras que habían dejado sobre mi ropa, como magro premio por mis servicios forzosos, no sabia si debía ponerme a llorar o reír, al ver en cuanto valoraba mi futuro esposo mi cuerpo mancillado por él y sus amigos.

La gran boda se celebró tan solo una semana después, tal y como estaba previsto.

Y, aunque nunca he hablado de este sórdido tema ni con mi flamante marido, ni con mi odioso cuñado, no puedo dejar de ver en la intensa mirada de este último un brillo entre lúdico e irónico que me hace dudar de que las cosas se queden simplemente como están.

Me acosté con mi equipo de fútbol favorito, incluidos suplentes, masajista y utilero. No revelaré el nombre del equipo. Detesto los problemas. Solo diré que era un equipo de la capital. Callaré si de la capital del Estado o de la Comunidad. Misterio. Soy una tumba. No diré una palabra más.

Me presento. Me llamo Paloma. Soy madrileña. Físico normal. Suelo pasar desapercibida como una percha en el guardarropa pero, si me lo propongo, triunfo cantidad. Me convierto entonces en rico panal de miel en una convención de osos pardos. Una sabe sacarse partido. Morena. Uno setenta. Cincuenta y ocho kilos. Manos pequeñas y pechos grandes. Ojos verdes y culo redondito. No me he operado de nada. Siempre estoy caliente. Haga lo que haga estoy caliente. Nací así.

Se me metió en la cabeza acostarme con un futbolista. Ni entiendo el fútbol ni me gusta. Los futbolistas sí. Luego pensé: ¿Y por qué no cepillarme a todo el equipo? Los futbolistas suelen ir de marcha. Tienen tiempo y dinero. Es cuestión de estar al tanto. Si una tiene oídos atentos y buenos contactos, se entera de cuándo y dónde van a organizar la fiesta. Acude y sanseacabó. Así de fácil.

Me vestí de puta cara para la ocasión. Íbamos todas por un estilo. Las dieciséis chicas lucíamos uniforme de puta cara. Bisutería con clase. Escotes imposibles. Muslos largos y faldas cortas, pero en fino. Nada de mercadillo. De boutique elegante. Todas de peluquería y con las piernas hechas.

La fiesta fue en un chalet espléndido de las afueras. Ellos también espléndidos. Los futbolistas son una delicia vestidos de normal. Parecen críos. Eso sí, nunca sabes en qué idioma te hablarán. Tanto da, pero saben divertirse. Buena música. Bebidas de marca. Jamón pata negra. Caviar iraní. Lo mejor de lo mejor.

Yo iba embalada. Dispuesta a todo. Me conozco. Os confesaré, usando el argot del fútbol, que si me ofrecen una copa no tengo defensa. Me soban la delantera y suspiro. Se me deslizan por la media y suspiro más. Me quitan las ligas y jadeo a tope. Me atacan por el centro y suelto ayes como casas. Si aciertan a metérmela dentro, para qué os voy a contar.

Nada más llegar, algunas chicas nos pusimos a bailar. No todas. Ellos nos miraban. No todos. Había un grupo en la piscina. Otro en la planta de arriba. Nosotros estábamos en el salón comedor. Me encanta bailar. Llevo la música en la sangre. Sobre todo la latina. Sabrosona. Caliente. El sol del trópico hecho canción. Me recorre el cuerpo a oleadas. Como en la antesala del orgasmo. Cuando bailo, el ritmo se acomoda a mis latidos, o tal vez sea al contrario. La música me hormiguea en el pulso. Me humedece mirada y vientre. Bailo, me muevo, y, aunque seamos muchas, me sé el centro. Me siento Eva mostrando entre los pechos la manzana. Salomé exigiendo la cabeza del Bautista. Helena en las murallas de Troya. Marilyn contoneándose en el Niágara. Sharon Stone cruzando los muslos mientras prende un cigarrillo. Bailo y gozo el placer primario de saberme viva. La respiración anhelante. La piel perlada de sudor. Los pechos alborotados. Palpitante el vientre. Bailo para que los hombres me deseen. Lo hacen. Vaya si lo hacen.

Valia y Esther eran dos de las chicas. Casi no hablamos, pero conectamos bailando. Como si nos conociéramos de toda la vida. Paró la música. Los chicos nos pidieron que nos pusiéramos camisetas del equipo sin nada debajo. Nos las enfundamos. Me tocó una con el número 10 y un apellido extranjero conocidísimo. Teníamos que gritar ¡gol! por turnos y quitarnos la camiseta. Fui la primera. Me puse en medio de la habitación, chillé ¡gol! con todas mis fuerzas y me saqué la camiseta por la cabeza, al aire mis dos cántaros de pezones oscuros. Los chicarrones se me abalanzaron y caímos hechos un lío, venga el beso, el abrazo, los pellizcos en los pechos y las palmadas en el culo. Un torbellino de manos. Un repaso guapo de veras. Como si me pillara el tren. De poco me matan pero, por mí, que me mataran así muchas veces.

No volví a ponerme la camiseta. Una ha de lucir lo mejor que tiene. Un chico dentón, que hablaba raro y dulce, me chupó un pezón. Me puse a mil. Quise halagar su ego y empecé a gemir. Cualquier mujer resulta irresistible si sabe gemir. Yo me entreno. ¿Los gemidos más sensuales? Los de las tenistas profesionales. Mi preferida es Venus Williams. La Davenport tampoco gime mal. Dan a entender que lo están pasando en grande con el Séptimo de Caballería al completo, caballos y guías indios incluidos.

Alguien me quitó el tanga. Ya tardaban. El de los dientes seguía con el pezón. Un tiazo rubio me pegó un buen morreo. Le tanteé un muslo. Piedra pura y dura. Le busqué la entrepierna. Piedra más dura aún. Me lo acomodé. El dentón se fue a buscar otros pezones por ahí. El rubio me metió su pedazo de cosa hasta el fondo y ¡hala! a darle al metisaca.

Pasó mi nueva amiga Vania y me puso un cigarrillo encendido en la boca. Se acercó un mocetón moreno, me quitó el cigarrillo de los labios y lo reemplazó con su particular puro habano. El rubio siguió dale que te pego hasta que el moreno le dio en el hombro. Entonces se levantó y se fue. El moreno cambió su carnoso puro habano de agujero. Esto deben ser las famosas rotaciones de que habla la prensa.

El moreno era un experto. Se gastaba una herramienta sabia, de esas que conocen todos los trucos y se te refriegan por dentro hasta hacerte comprender que la vida es definitivamente hermosa. Me atizó una últimas sacudidas de terremoto grado 9 en la escala de no sé quién. Sonrió. Me besó en la mejilla. Se largó antes de que pudiera aplaudirle la jugada.

Me puse una copa. Salí al jardín saltando parejas tumbadas. Tríos. Celebraciones de gol. Me estiraron del brazo. Me detuve en seco. Hay que aprovechar las ocasiones. Era un buen mozo con un aire un puntito canalla. Como a mí me gustan. Me senté a su lado en el césped. No dijo palabra. Me tumbó. Me separó los muslos. Colocó su cabeza a la altura de mi vientre, sacó la lengua y comenzó a lamerme el sexo.

Adoro que me coman la almeja. Me corre electricidad por el cuerpo. O no. No es electricidad. Me convierto en mar. Me llegan olas grandísimas desde lo más hondo. Me ahogo en gusto. Se me dispara el mecanismo de los jugos. Un novio antiguo me llamaba “naranjita” por lo ricos y sabrosos que son mis jugos. Soy una chica jugosa de veras. Palabra.

También se acercó el utilero del equipo. No era joven ni guapo, pero me dio morbo. Le sonreí y me sobó los pechos. El moreno dentón estaba al lado, metiendo su salchicha en el trasero de una nena. Unos colegas les hicieron coro, muertos de risa. Comentaron a gritos que el chaval se merecía tarjeta roja, porque un futbolista no debe nunca entrar por detrás. No acabé de entenderlo. El fútbol tiene reglas rarísimas.

Llevaba dos, tres, cuatro orgasmos. Un receso. Necesitaba descansar. Una es viciosa, pero dentro de unos límites. Me apetecía comer algo. No me dejaron. Se me volvió a acercar el rubito divino que hablaba en inglés y llevaba locas a todas. Estaba graciosísimo, tan blanco y tan desnudo, con calcomanías por todo el cuerpo que llevaba para cumplir los compromisos comerciales con sus sponsors. Le aticé un beso en los morros y Esther, a quien creía amiga, me llamó puta. De poco la armo. La salvó la campana. Sonó un teléfono móvil-¿quién lo llevaría yendo todo el mundo en pelota?- y saltaron los timbres de alarma.

-Ha habido un chivatazo. El Presi y el míster vienen hacia acá.

Unas simples palabras para un hombre. Un brutal terremoto para un equipo.

Me sorprendió el ajetreo. Luego entendí. El Presi es el Presidente y el míster el entrenador en el extraño argot del fútbol. Ambos son unos estrechos. No les viene bien que sus chicos se diviertan. Se molestan. Se mosquean cantidad. Como las monjas de mi colegio pero a lo bruto. Venían a comprobar lo golfos que eran sus muchachos. Teníamos que borrar las huellas de la fiesta. Echar los condones usados a la basura. Recoger los tangas desperdigados por el césped del jardín y las alfombras de la casa. Ocultar las botellas de güisqui y los canapés de caviar debajo del sofá. Recuperar los sujetadores que colgaban de las lámparas. Esconder a las chicas, o sea, a nosotras. Esconder también a la mitad del equipo, que a ver quien se traga que se habían reunido a discutir sobre los problemas de la vida.

Cada quien buscó su propio acomodo. Me decidí por el armario del dormitorio pequeño. Resultaba fácil escaquearse entre tanta percha y tanto traje. Apenas llevaba escondida un minuto cuando entró alguien más en el armario. Permanecimos unos instantes a oscuras y en silencio, conscientes de nuestra mutua presencia. No aguanté más. Alargué la mano y toqué un estómago de piedra. Tenía suerte. Era uno de los chicos. Le busqué la entrepierna. No estaba excitado. Tenía dormida su cosita. Me enternecen las cositas dormidas. Sé despertarlas y me encanta hacerlo. A ellas les pone que las despierte. Ventaja para todos.

Me arrodillé y alcancé la cosa con los labios. Vaya ricura. Estoy harta de los preservativos. Esta iba a pelo. Comerse una verga con preservativo es como zamparse un plátano sin quitarle la piel. Te falta el subidón que te da la carne desnuda y calentita. No hay nada como lo natural. Me puse a la faena. Las vergas son como los toros. Cada una tiene su lidia. Hay vergas impacientes que se apresuran a soltar el semen como si fuera moneda falsa.

Hay que ir con tiento con ellas, lamerlas con un cuidado exquisito, bajar el ritmo de vez en vez. Otras no sueltan la leche ni a tiros. Esas requieren un tratamiento enérgico, lengüetazo va, lengüetazo viene. Una ha de tragarse la verga hasta que le dé golpes en el fondo de la garganta y, en el momento exacto, debe buscar con el dedo el agujerillo del trasero del tío. No falla. Canela fina. La mayoría no son ni tanto ni tan calvo. Esta era del término medio. Lo noté enseguida.

Estaba de rodillas y a oscuras, dentro del armario, comiéndome una verga no sabía de quien. Me resbalaban los jugos por la parte interior de los muslos. Cumplía un viejo sueño. La mayoría de las niñas fantasean con ser princesas adoradas por apuestos príncipes. No es mi caso. Siempre soñé con ser esclava de usar y tirar. Ahora lo era. Ni tenía derecho a ver la cara de mi dueño actual. Estaba arrodillada ante él. Le demostraba respeto y pleitesía. Le servía. Le hacía disfrutar.

Deseaba que los relojes se pararan. Me sentía feliz con el chupete en la boca. Comencé a masturbarme. ¡Seré golfa! Me masturbaba y seguía dándole a la lengua. Estaba escoriada -tanta marcha deja su huella- pero no me sentía en fuera de juego. Ni mucho menos.

X me engarfió los hombros con ambas manos y me clavó las uñas en la espalda. Estaba a punto. Yo también. Seguí masajeándome el clítoris. Con la otra mano le acaricié el glúteo. Aceleré el ritmo de los lengüetazos mientras buscaba su entrada trasera. La encontré. Gol. Gol .Gol. Goooooool.

Me puse en pie. Me limpié la boca con la manga de una chaqueta colgada en el armario. Mi chico me abrazó muy fuerte. Sentirse abrazada después del orgasmo es lo mejor que le puede ocurrir a una mujer. No suele ocurrir. Lo normal es que el hombre se despreocupe de ella y se dedique a otros asuntos. Permanecimos con los cuerpos pegados hasta que oímos movimiento fuera. El Presi y el míster se habían largado sin enterarse de la película. Había vuelto la normalidad.

Abrimos la puerta. Salimos. Alcé la vista y miré a mi colega de orgasmo. Me quedé de piedra. Me dio un vuelco el corazón. Era guapo, con belleza casi femenina, y llevaba mechas. Mechas. ¿Las llevaría antes de entrar en el closed o le habían surgido al salir del armario? Le miré a los ojos. Me besó. Un beso de lo más hetero. Menos mal. Se puede salir del armario sin que le cambien a uno los gustos. A las pruebas me remito.

Me apetecía beber algo. Tenía la boca seca. Justo entonces, alguien dijo:

- De aquí una hora hay entrenamiento.

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